EL REGRESO A CASA DEL CAPITÁN DEL BARCO
Cuando llegó Capitán a sus vidas, jamás imaginaron lo que él sería capaz de hacer con tal de no separarse nunca de ellos.
Inés nos cuenta la anécdota más impactante de su vida. Algo que sucedió hace muy poco tiempo, pero que estamos seguro que perdurará en la memoria de todos los integrantes de su familia, por el resto de sus vidas.
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Somos una familia de cuatro integrantes, Papá, Mamá y dos hijos, anteriormente habíamos tenido dos perritos labradores, raza que escogimos por nuestra afición al mar. Pero fue nuestro hijo mayor quien disfrutó de los anteriores perritos, quienes se llamaban Tasha y Lucas.
Pasados los años, nos mudamos a un apartamento donde ya ni soñábamos con tener un perrito nuevamente. Los veranos los pasábamos en la playa en casa de la abuelita paterna donde siempre había un perrito, llegó un día en que la última perrita murió de viejita.
Entonces decidimos comprar un nuevo labrador para que sea nuestro perro, pero en la playa. Con el consentimiento de la abuela, así lo hicimos, comprometiéndonos a ver nosotros por él. Le escogimos el nombre, precisamente por ser un compañero que escogimos para la casa de playa, sería nuestra mascota junto al mar: CAPITÁN.
Así transcurrieron sus primeros años, siempre atendido, en nuestra ausencia por la guardiana de la casa quien se encariñó mucho con él, y que lo cuidó con esmero y cariño, hasta lo llamaba “precioso”.
Siempre sentimos que Capitán sabía que éramos nosotros su familia, siendo nuestro pequeño hijo quien más cariño le hacía y Franco, mi esposo, su LIDER. Él siempre le demostró inmenso cariño a Franco y sus encuentros eran por demás cargaditos de alegría.
Pasó el tiempo y el mundo dio vueltas, la Abuelita vendió la casa y los nuevos dueños quienes conservaron a la señora que cuidaba de la casa, no quisieron a Capitán.
Para nosotros fue un poco difícil tomar la decisión de traerlo al departamento de Lima de inmediato, porque existía la prohibición de tener perros de razas grandes en el edificio donde vivimos.
Pero con la cercanía del verano, y nosotros habiéndonos mudado a una departamento de playa cercano a la casa de la abuela, dejamos que pasaran algunos días, acomodando a Capitán en la casa de una vecina (cabe mencionar que en esta casa Capitán estaría completamente solo, mas no desatendido), donde la guardiana le proveería de todo, mientras acababa el colegio y nosotros íbamos a veranear.
Así fue, Capitán solo regresaba a la casa de la vecina, al cuidado de la guardiana, cuando nosotros por algún motivo debíamos regresar a Lima.
Un buen día, llegamos a la playa muy cansados, viernes por la noche, con la idea de recogerlo pero fuimos presa del cansancio y dejamos el trámite para la mañana del sábado. Él había pasado todo Enero con nosotros y había tenido que regresar a Pucusana por casi una semana. Ese sábado por la mañana (6 de Febrero) nos despertó nuestro pequeño hijo, diciéndonos que una amiga de la playa lo había llamado para decirle que Capitán había llegado a su casa y que ella lo había dejado entrar para cuidarlo hasta que él pudiera llegar. Gianluca, nuestro hijo menor salió de inmediato, contándonos luego que casi a diez metros antes de juntarse, Capitán comenzó a correr hacia él, saltando sobre él, lamiéndolo en una fiesta de alegría sin fin. Así encontró también a mi esposo, en una fiesta de algarabía total. Todos no podíamos salir de nuestro asombro.
¿Cómo llego Capitán de Pucusana a Naplo? ¿Por la carretera? ¿Por el Pueblo? Él siempre había recorrido esa ruta solo en automóvil.
Después de indagar mucho, supimos que él había escapado de la casa de la vecina desde el miércoles y que se le vio deambulando por los alrededores de la casa de la abuelita hasta el viernes por la noche, cosa que nos hizo saber que la guardiana había dejado de cuidarlo. Nos dijeron también que el sábado en la mañana escapó.
En el mismo preciso momento del encuentro y al salir de nuestro asombro, decidimos que no nos separaríamos más de él, no importarían las prohibiciones o la incomodidad de tener un perro grande en un departamento pequeño en Lima.
Capitán estaba bastante flaco, con algunos problemas de piel que ahora tenemos que corregir, pero sin duda él y nosotros estamos felices de estar juntos.
No sabemos y no nos explicamos cómo hizo para encontrarnos, cómo pudo llegar, pues también nos contaron que horas antes de que llegue a la casa de la amiga de Gianluca estuvo ladrando debajo del edificio nuestro, ladridos que nosotros no escuchamos, lo único que sabemos es que él se ganó su derecho a formar parte de nuestra familia para siempre, se ganó su derecho a que jamás lo volvamos a dejar al cuidado de nadie, se ganó se derecho a ser el quinto integrante de nuestra familia.
Inés Aguinaga
Mamá de Capitán







