MI MASCOTA TIENE MIEDO A LAS VETERINARIAS
Actualmente, no existe aún una cultura de visita al dentista, por lo que muchos niños acuden cuando presentan alguna molestia, originando que la curación sea dolorosa. Y por ende, genera traumas que desencadenan en miedo a la consulta odontológica, porque asocian la visita con el dolor.
Lo mismo sucede con nuestras mascotas. Las primeras veces que acuden al veterinario, es cuando están muy cachorros y les aplican vacunas o les dan pastillas para desparasitarlos. Puede ser, que la primera vez no haya miedo, pero sí estará un poco nervioso o intranquilo, porque es un lugar nuevo, con gente que no conoce y otros animales.
Sin embargo, en las siguientes ocasiones, tu engreído no querrá ni escuchar hablar de las visitas al veterinario. Porque no es tonto! Ya sabe que en ese lugar lo van a pinchar para vacunarlo o le darán una pastilla que tendrá que pasar.
En fin…el caso es que cree que le van a hacer daño, así que bajo su punto de vista es mejor no acercarse por allí. Es decir que tu perro ya habrá establecido una mala asociación entre ir al veterinario y sufrir dolor.
¿Cuáles son los motivos por los cuales nuestras mascotas deben acudir a una veterinaria? En la mayoría de los casos es para vacunarlos, que demanda que le pongan una inyección y eso les genera dolor. Para desparasitarlo, que, según la percepción de su mascota, “requiere que le metan una pastilla en el hocico para que se la trague” y eso es muy fastidioso.
En algunos casos, van para aplicarles pipetas antipulgas, que quiere decir echarle un líquido en el lomo, que a veces huele fuerte y provoca molestias. Y en todos los casos, deben ir para bañarlos, que incluye mojarlos, limpiarles las orejas y las glándulas y cortarles las uñas; todo esto puede resultar algo incómodo para nuestros queridos engreídos.
Si a todo lo anterior, le sumamos el ruido regular que hay en las veterinarias, ya sea por la sopladora (máquina utilizada para el secado del pelo), los ladridos de otros perros que están inquietos o intranquilos, las secadoras de pelo o el llanto de algún perro al cual tuvieron que pinchar. Y también que algunos, al terminar su baño, deben esperar en caniles independientes – algo que sabemos, no les gusta, pero que es necesario por su seguridad y para evitar peleas – hasta que puedan ser recogidos por sus dueños o llevados de regreso a sus casas.
Entonces, tomando en cuenta todo esto, las visitas a las veterinarias, terminan causando nerviosismo, fastidio y malestar en sus engreídos.
Este tipo de situaciones siempre sacan de su rutina diaria a las mascotas y por eso se inquietan al llegar a una veterinaria. Incluso, hay casos en los que tras haber sido sometidos alguna vez a tratamientos médicos con inyectables o vacunas, su miedo puede ser mayor. Esa actitud es muy normal, pues ellos no comprenden que se trata de algo que estamos realizando por su bienestar.
Los médicos veterinarios y todo el personal que trabaja en una veterinaria, somos conscientes de los temores que puede sentir un animalito, al estar lejos de casa y con personas a las que, en un principio, no ve muy seguido. Por eso, siempre tenemos en cuenta atender a las mascotas con la mayor paciencia y cariño posible, sintiendo que son parte de nuestra familia.
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