NUESTRO PERRO: ESPEJO DE CUATRO PATAS
Cuando mis clientes me llaman es porque tienen problemas para controlar a su perro. “Mi perro está fuera de control!”, me dicen, “Y la verdad es que creemos que es caso perdido”, “¿Tu qué crees? Con tu experiencia, ¿tú crees que se pueda ‘arreglar’?” Y añaden, “porque ya tuvo un entrenador, pero la verdad es que no hemos visto avances”.
Mientras los escucho, mis ojos siguen al pequeño “acusado” de cuatro patas, trato de prestarle atención a las emociones detrás de las palabras de mis clientes y a la vez veo cómo se comporta el motivo de mi visita. Mi compromiso, no solo es con la familia, es sobretodo con él. Y esto lo digo porque sé que un perro inestable no es un perro feliz, y si lo ayudo, entonces también será una oportunidad, aunque ellos no lo sepan, para ayudar a todos los miembros de esa casa.
Entonces, observo mucho y escucho. Pero en la mayoría de casos sé donde radica la fuente del problema: El perro es nuestro espejo. Hay algunos especialistas que dicen que hasta las enfermedades de nuestros perros son un reflejo de nuestra dinámica familiar. No se sorprenda, pero somos nosotros los que desequilibramos a nuestros perros. Por eso, cuando atiendo un caso me enfoco muchísimo en la forma como los dueños se relacionan con su mascota. Si los dueños le tienen miedo a otros perros, no sólo limitan su sociabilización sino que además transmiten ese miedo, poniendo nervioso al can frente a sus pares. Si es un caso de hiperactividad o alteración, usualmente en la casa se vive ese ambiente, o peor aún se corrige al perro de forma alterada. Yo pudiera contarles muchas historias similares.
Por eso es tan importante estar en control de nosotros mismos al domesticar a nuestras mascotas. Somos nosotros quienes las nutrimos, entonces debemos hacernos la pregunta, ¿con qué tipo de emociones lo estoy alimentando? La clave del éxito es aprender a vivir el momento y estar en control de nosotros mismos en cada situación. Vivir el momento hará que dejes de adelantarte nerviosamente a situaciones que no han sucedido, o seguir viviendo en las frustraciones de las experiencias del pasado. Por otro lado, estar en control de ti mismo hará que no pierdas el control de tus emociones y seas consciente del estado de ánimo con el que estás buscando relacionarte con tu mascota.
El comportamiento de nuestro perro, siempre será una consecuencia de sus dueños. Por eso no puedo “arreglar” al animal si antes no trabajo con sus dueños, si antes no revisamos las emociones con las que se relacionan con su mascota. Si logro que los dueños se relacionen con sus perros con emociones correctas, entonces podré ayudar a la mascota a ser feliz y vivir en plenitud. Y claro, ¡todos en el hogar compartirán esa misma tranquilidad!
María José Rivera
Especialista en Conducta Canina
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